Antes de pedir un préstamo, solicitar un crédito o evaluar opciones de inversión, hay que entender cómo funciona la tasa de interés y qué impacto tiene sobre nuestro dinero, en decisiones cotidianas.
La tasa de interés es uno de los conceptos fundamentales en los mercados financieros y también para nuestras finanzas personales, porque afecta directamente a nuestras decisiones de préstamos, créditos e incluso inversiones. Por eso, entender cómo funciona la tasa de interés nos permitirá tomar mejores decisiones financieras.
Técnicamente, la tasa de interés, que también se conoce como tipo de interés en algunos países, se define como “el precio de la plata”. Es decir, todas las cosas que podemos comprar o vender tienen precio; en el caso de la plata, su precio es, justamente, la tasa de interés.
Además, la tasa de interés se expresa como porcentaje y representa el costo que debemos pagar (si pedimos plata prestada) o cobrar (si prestamos plata), durante determinado período de tiempo. Esto significa que la podemos expresar desde dos puntos de vista, desde la mirada de quien presta plata y de quien pide plata prestada:
Desde la mirada de quien pide plata prestada: la tasa de interés es el precio que pagamos cuando nos prestan plata. Es el costo que debemos afrontar por utilizar plata que no es nuestra y que nos facilitan durante un determinado período de tiempo.
Desde la mirada de quien presta plata: la tasa de interés es el precio que cobramos o recibimos por prestar nuestra plata a alguien que pueda necesitarla.
Entonces, la tasa de interés se expresa como un porcentaje del monto de plata que se presta o se pide prestada, al que llamaremos monto de capital. Por lo tanto, en otras palabras, es un monto de plata expresado en porcentaje que se añade al monto inicial prestado a la hora de la devolución.
La tasa de interés en un préstamo
Cuando necesitamos plata podemos recurrir a distintas entidades para que nos otorguen el financiamiento que precisamos. Nos darán un determinado monto, con el compromiso de que lo tendremos que devolver en determinado período de tiempo y con un costo adicional.
Veamos un ejemplo: si en enero 2021 solicitamos un préstamo de $100.000 con una tasa de interés del 40% anual, en enero 2022 (al año) deberíamos devolver esos $100.000 más $40.000 en concepto de intereses, todo junto y en un único pago. En este ejemplo solamente calculamos intereses una sola vez (al final del préstamo).
Como regla general, en los préstamos, alguien pide una determinada cantidad de plata y tiene la obligación de devolverla en determinado momento pre-pactado y con un determinado % de interés, como retribución a quien prestó la plata.
La tasa de interés en un crédito
Por su parte, cuando hablamos de crédito, no recibimos un monto fijo de plata en efectivo, como ocurre en un préstamo. En los créditos nos dan la posibilidad de gastar un determinado monto, pero sin darnos la plata físicamente en billetes.
Un clásico ejemplo de esto es la tarjeta de crédito: nos da un cupo de plata que podemos gastar, pero no significa que tenemos la obligación de gastarla toda. La plata está a nuestra disposición y podemos decidir si queremos utilizarla o no.
Con las tarjetas de crédito nos pueden suceder dos situaciones:
Intereses por pagar en cuotas: lo primero que nos puede ocurrir es que vayamos a un comercio a comprar y pidamos pagar en cuotas. Seguramente, el producto tenga un precio final más alto si pagamos en cuotas que si lo hacemos al contado. Es decir, pagaremos un porcentaje de interés, que será la diferencia entre el monto final que nos cuesta el producto frente a lo que hubiésemos pagado si lo hubiéramos comprado al contado.
Intereses por no pagar la tarjeta de crédito: cuando compramos con tarjeta de crédito, al mes siguiente nos llega el resumen o saldo de cuenta que debemos abonar. Si no pagamos el total del saldo, la entidad financiera que nos emitió la tarjeta nos aplicará un interés, un recargo, por el monto que no paguemos. O sea, la tasa de interés también estará presente en el cálculo de ese recargo que deberemos afrontar por no haber pagado el total a término.
La tasa de interés del prestamista o el inversor
Ahora bien, hay un “lado b” en cuanto a la tasa de interés y es cuando nos ponemos en la vereda de enfrente. Es decir, nos posicionamos como aquel que presta plata o coloca plata en alguna inversión.
Al respecto, hay muchos ejemplos, pero uno clásico es el cliente de una entidad financiera que tiene plata y realiza, por ejemplo, un plazo fijo. En este caso, la entidad financiera le pagará una tasa de interés al cliente por haber colocado su plata.
Para esta inversión, el cliente que tiene plata sabe que pone determinado monto y que la entidad le deberá dar el monto original más un interés que se informa al realizar el plazo fijo. Por ejemplo, si el cliente quiere invertir $100.000 y la tasa de interés que paga un plazo fijo es 3% mensual, entonces a fin de mes la entidad financiera deberá darle $103.000. El número surge de los $100.000 invertidos más un adicional de $3000 en concepto de intereses.
Existen muchos tipos de inversiones que pagan una tasa de interés al inversor, como puede ser un Fondo Común de Inversión, en un bono, en Letras del Tesoro, cauciones, por citar algunas.
Los tipos de interés más usados
Hay dos tipos de interés que son muy habituales en la vida cotidiana y que se clasifican en: interés simple y compuesto.
En primer lugar, el interés simple es el beneficio (interés) que se calcula sobre la plata original que invertimos (capital). Los intereses que se van generando no se vuelven a invertir, sino que se retiran a medida que termina cada uno de los períodos. El ejemplo anterior sirve para ilustrar este caso.
Por su parte, el interés compuesto es el beneficio (interés) que se calcula sobre la plata original que invertimos (capital) y también sobre el interés acumulado de períodos anteriores. Período a período, los intereses que conseguimos como beneficio se reinvierten (o sea, se suman) a la plata inicial.
Como consecuencia, la plata invertida crece por dos caminos: por el interés que genera en forma simple y por los intereses que generan nuevos intereses. A medida que repetimos la operación, la plata cada vez crece más rápido, porque cada vez hay más plata de intereses.
De esta manera, la diferencia entre interés simple e interés compuesto radica en si retiramos o no retiramos los intereses al finalizar cada período.
