La caución bursátil es uno de los instrumentos más usados del mercado local y uno de los menos conocidos. Funciona como un préstamo de dinero organizado por el propio mercado.
Una caución bursátil es un préstamo de dinero a corto plazo dentro del mercado de capitales, garantizado con títulos valores. Una parte pone la plata y recibe una tasa pactada; la otra recibe la plata y deja acciones o bonos en garantía hasta devolverla.
En esta nota vas a ver en detalle qué es una caución bursátil, en qué se diferencia de un plazo fijo, para qué sirve, cómo se arma su tasa y qué riesgos tiene.
Qué es una caución bursátil y cómo se reparten los roles
La caución es una operación de pase: alguien entrega títulos y recibe pesos, con el compromiso de recomprarlos en una fecha futura a un precio mayor. Esa diferencia de precio es el interés que se paga por la operación.
Lo que la diferencia de un préstamo entre particulares es que hay un tercero que la organiza y la respalda: se negocia dentro de BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos), que garantiza que la operación se cumpla de los dos lados. Eso te saca de encima la preocupación de si la otra parte va a cumplir o no.
En toda caución hay dos puntas complementarias:
Caución colocadora: cuando tenés pesos disponibles y buscás que generen rendimiento por unos días.
Caución tomadora: cuando necesitás pesos y preferís no vender tus títulos para conseguirlos.
Si tomás, entregás tus títulos como garantía y recibís una porción de su valor de mercado, no el total. A esa diferencia se la llama aforo, y funciona como colchón por si el precio de los títulos cae mientras dura la operación; cuanto más volátil sea el título, mayor suele ser el aforo que te piden.
Al vencimiento no tenés que hacer nada, la operación se cierra sola. Por ejemplo: necesitás pesos por cinco días y tenés bonos en cartera; los caucionás, conseguís los pesos y a los cinco días los recuperás devolviendo el monto más el interés pactado. Del otro lado, quien puso esa plata cobra lo suyo sin haber tenido que elegir el bono.
Con estos roles claros, ya podés ubicar mejor a la caución frente a algo que probablemente conocés de memoria: el plazo fijo.
Caución vs plazo fijo: en qué se diferencian
El plazo fijo te fija la tasa en el momento de constituirlo, tiene un plazo mínimo de 30 días y no admite rescate anticipado: ganás certeza sobre el rendimiento a cambio de inmovilizar la plata.
La caución funciona distinto. Te permite plazos mucho más cortos, incluso de un día, pero necesitás operar en rueda y tener cuenta en un agente, y la tasa se pacta operación por operación, no queda fija de antemano.
También existe una tercera vía, el fondo de liquidez inmediata, no tiene plazo fijo, se puede rescatar el mismo día y su rendimiento varía a diario según los activos de la cartera: ganás disponibilidad total, pero no sabés de antemano cuánto vas a ganar.
Cuál te conviene más depende de cuánto tiempo real vas a necesitar esa plata y de cuánta operatoria estés dispuesto a manejar: no son opciones intercambiables, la diferencia real está en cuándo podés disponer del dinero.
Qué implica operar una caución bursátil
Más allá de la punta en la que estés, la caución es una de las vías por las que circula el dinero de corto plazo en el mercado y su volumen diario funciona casi como un termómetro de cuánta liquidez hay en pesos. Antes de decidirte, conviene que tengas claros estos seis puntos.
1. Si colocás pesos
Le das rendimiento a la plata que está esperando destino, algo habitual en tesorerías de empresas o en inversores que quedaron líquidos tras vender una posición. Si el monto es más chico, tenés otras vías para lo mismo: en Ualá, por ejemplo, el saldo de tu caja de ahorro genera rendimiento diario a través de la cuenta remunerada, sin que tengas que entrar a una rueda de negociación.
2. Si tomás pesos
Conseguís liquidez sin desarmar tu cartera. Vender un título implica salir de esa posición y quizás no poder volver a entrar al mismo precio; la caución te permite atravesar ese bache puntual y seguir sosteniendo tu inversión.
3. Cómo se arma la tasa
Nadie la fija de antemano: se define por oferta y demanda en la rueda, igual que el precio de una acción, y puede cambiar bastante de un día a otro según cuánta plata haya dando vueltas y cuánta demanda de pesos exista.
Podés pactar una caución desde un día hasta varios meses, aunque la mayoría se concentra entre 1 y 7 días, así que conviene pensarla más como una herramienta de liquidez que como una inversión de largo plazo.
Vale la pena fijarte, además, si la tasa que ves publicada es nominal o efectiva antes de sacar cuentas, una distinción que se explica mejor en la nota sobre TNA y TEA.
4. Riesgo de reinversión
Como el plazo suele ser corto, la plata vuelve rápido y tenés que decidir de nuevo qué hacer con ella, a veces con una tasa más baja que la anterior. Esa decisión se repite cada vez que la operación vence.
5. Riesgo de contraparte
Está bastante cubierto por la garantía del mercado y el aforo sobre los títulos, aunque conviene tener claro que estar garantizada por BYMA no la vuelve equivalente a un depósito bancario: no está alcanzada por la garantía de depósitos del BCRA.
6. Costos y horarios
La tasa que ves publicada es bruta: antes de que te llegue el rendimiento, se descuentan derechos de mercado, comisión del agente e IVA, y en plazos de pocos días esos costos pesan proporcionalmente más. Sumale que se opera en horario de rueda de días hábiles, así que tu plata no queda disponible hasta el vencimiento, por más corto que sea el plazo.
Con el panorama completo (para qué sirve, cómo se arma la tasa y qué riesgos y costos tiene), lo último que falta es la parte práctica: qué necesitás para poder operar una.
Qué necesitás para operar cauciones
Si te interesa caucionar, vas a necesitar una cuenta comitente en un agente registrado ante la Comisión Nacional de Valores, y si vas a tomar, títulos disponibles para dejar en garantía. Toda la operatoria se hace dentro del horario de rueda de BYMA y cada agente define qué montos mínimos acepta.
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