Para saber qué es el interés simple y cuál es la estrategia del interés compuesto, podés leer este artículo y empezar a usarla en tus inversiones o finanzas personales.
Entender cómo funciona la tasa de interés es clave para tomar decisiones financieras más inteligentes, ya sea para ahorrar, pedir un préstamo o hacer una inversión. Por lo tanto, conocer la diferencia entre interés simple e interés compuesto nos ayudará a calcular mejor los rendimientos, anticipar costos y planificar nuestra plata a corto y largo plazo.
Interés simple e interés compuesto: qué son y cómo funciona cada uno
El interés simple es el beneficio (interés) que se calcula sobre la plata original que invertimos (capital). Los intereses que se van generando no se vuelven a invertir, sino que se retiran a medida que termina cada uno de los períodos.
Por su parte, el interés compuesto es el beneficio (interés) que se calcula sobre la plata original que invertimos (capital) y también sobre el interés acumulado de períodos anteriores. Es decir, período a período, los intereses que conseguimos como beneficio se reinvierten (se suman) a la plata inicial.
Como resultado, la plata invertida crece por dos caminos. Por un lado, por el interés que genera en forma simple y, por el otro, por los intereses que generan nuevos intereses. A medida que repetimos la operación, la plata cada vez crece más rápido, porque cada vez hay más plata de intereses.
En qué se diferencia el interés simple del compuesto y cuál conviene
De esta manera, si tenemos que elegir entre interés simple e interés compuesto, este último es el más “rendidor” y el más recomendable para aplicar en los negocios, emprendimientos, inversiones o ahorros.
Ahora bien, como vimos, la diferencia entre interés simple e interés compuesto radica en si retiramos o no retiramos los intereses al finalizar cada período:
El interés simple se calcula sobre la cantidad de plata invertida originalmente.
El interés compuesto se calcula sobre la cantidad original más el interés acumulado generado en los períodos anteriores; es decir, como un interés sobre intereses. A esta estrategia del interés compuesto se la denomina “capitalización compuesta”.
Al respecto, recordemos que la capitalización es la cantidad de veces que la plata se reinvierte (los intereses se suman para generar más intereses) durante el lapso de la inversión. Cada vez cobramos más y más intereses; y esto es lo importante de utilizar el interés compuesto y la capitalización de los intereses que vamos generando.
Cómo se calcula el interés compuesto
La fórmula para calcular el interés compuesto, es la siguiente: Cf = Ci (1 + R)ⁿ
Cada componente de la fórmula significa:
Cf: es la plata que tendremos como resultado final de los períodos de tiempo que deseamos.
Para obtener el resultado tenemos que ingresar los siguientes datos:
Ci: es la plata que pondremos inicialmente.
r: es el porcentaje de interés que recibiremos al final del período. Se pone en porcentaje, por lo que, si queremos poner 2%, debemos colocar r igual a 0,02 (al ser porcentaje equivale a 2 dividido 100).
n: será la cantidad de tiempo que reinvertiremos. Puede ser la cantidad de meses, años, etc. Si pensamos reinvertir 40 años, daremos el valor 40 a “n”.
El uso del interés compuesto en la vida real
Ya vimos el efecto que genera el interés compuesto en nuestras finanzas, pero también es aplicable a muchas cosas y acciones de la vida cotidiana. Analicemos un ejemplo con plata:
Si invertimos $100.000 al 2% de interés anual, al final del primer año tendremos $102.000. Con interés simple, es decir, si retiramos esos $2.000 obtenidos de interés, en 40 años tendríamos acumulado un total de $140.000 ($100.000 originales + 20 cobros de $2.000).
Pero, si sobre esos $100.000 aplicamos una estrategia de interés compuesto, para el año 40 tendremos $220.804 ($100.000 originales + $120.804 en concepto de intereses). Una tremenda diferencia, incluso superior a los $100.000 originales.

